Sobre mi


psicóloga en Palma de Mallorca

Desde siempre quise dedicarme a esto, sentía un enorme interés por desentrañar aquello que al fin y al cabo daba sentido a lo que todos buscábamos: disminuir el malestar o encontrar el verdadero camino para ser felices.

Con catorce años, me comentaron que “así como era” se me daría bien la profesión de psicóloga en Palma, sin embargo una amiga de la familia me aconsejó que no pensara en esta carrera. Me sorprendió muchísimo escuchar algo así porque desde pequeña había querido estudiarla, pero ella ejercía como psicóloga en Palma y me explicó que si elegía esta profesión acabaría sufriendo mucho porque yo era demasiado empática, demasiado autoexigente y demasiado “cabezota”.



Podría decir que sus palabras determinaron mi futuro, pero no fue así. Tras tanto observar había aprendido a discriminar que no siempre la situación o características de personalidad determinan lo que va a ser de nosotros, la clave está en ver cómo influyen, en la percepción que tenemos de ellas y en detectar qué otras variables pueden estar implicadas para poder intervenir.

Pensé que estaría bien que no todas las psicólogas fueran iguales y que en mi caso determinados rasgos podrían potenciar la eficacia de aquello que me había propuesto conseguir.

Así pues convertí a la “cabezonería” en perseverancia, lo que me ayudó a no renunciar a pesar del contexto y se asoció a la motivación y al buen rendimiento. Hoy en día, gracias a ello, no he dejado de formarme, y me implico en cada caso hasta obtener los resultados propuestos.

psicóloga en Palma de Mallorca

Gracias a la empatía puedo ponerme en el lugar de la persona que acude a verme y entender cómo siente, cómo piensa, qué es aquello que le sucede y realmente quiere mejorar.

Gracias a la autoexigencia necesito hacer las cosas lo mejor que sé, desde la ética y responsabilidad que supone. Y gracias a quienes deciden confiar en mi puedo decir que me siento realmente afortunada de haber escogido esta profesión.